
El 22 de agosto de 2024, Charif inaugura la exhibición individual Lo negro, invitado por el Centro Cultural Contraviento (Rosario, Argentina). El tema de la exhibición, propuesto por los directores del espacio, llevó al artista a inventar un dibujante y grabador ficticio, el «olvidado» artista negro Capillo Tulumba Yago (nacido en 1866 en un pueblo de Asturias, aunque de raíces africanas, y desaparecido en China en fecha incierta), del cual Charif «rescata» 22 tintas. Lo negro se convierte, así en una muestra-obra multidisciplinaria, compuesta por (I) un óleo titulado La exhibición negra, (II) un gran tríptico realizado con la clásica técnica del pintor mezclando óleo y collage y titulado El sistema de la caja negra, (III) una biografía-estudio sobre el artista apócrifo impresa en una gran pared de la sala y titulada Los dibujos negros de Tulumba Yago, (IV) los 22 dibujos negros de Tulumba que ilustran lo negro en distintas culturas y mitologías, (V) la proyección de una película experimental llamada Black Planet (o El planeta Negro) y, (VI) un ensayo impreso en la pared final con el título Lo negro en su nigérrima negrura. A todo lo cual se suma (VII) un breve diálogo imaginario entre Tulumba y Charif impreso en los tarjetones entregados a los visitantes al salir. Es decir que la muestra hacía las veces de instalación, incluyendo ensayo, ficción literaria, arte conceptual, video, dibujo y pintura, razón por la cual, al igual que como sucede con la obra-exhibición Ailanthus realizada en Taiwán en 2016, Lo negro amerita un apartado propio, en la sección ARTE, a fin de poder registrar la totalidad de la exhibición.
I – THE BLACK EXHIBITION
Oil and acrylic on canvas – 55 x 42 cm (click on the images to enlarge them)
II – EL SISTEMA DE LA CAJA NEGRA
Óleo, acrílico, óleo pastel y lápiz sobre lienzo – 110 x 180 centímetros (tríptico).
SOBRE EL CUADRO (fragmento de lo dicho por Charif durante la presentación de la obra en Contraviento, 22 de agosto de 2024): Me llama la atención el llamado “sistema de la caja negra” en cibernética. No tanto como prueba de compatibilidad entre interfaces de un software, sino porque lo veo como una metáfora espontánea de la estructura de, como diría Voltaire, “el mundo tal como va”. Sabemos lo que entra en la caja, el input, y vemos lo que sale, el output, pero lo que sucede en el interior de la caja sigue siendo un misterio. Esto se da en todos los órdenes de la vida entre los seres humanos… Uno encuentra a un amigo que se acaba de separar, y el tipo te habla de lo bueno que fue y de las esperanzas que puso, por ejemplo, y en seguida hablará del output, de todo lo malo que obtuvo a cambio, él, tan bueno que fue, y hasta puede que te diga “en el medio no sé qué pasó, no sé cómo todo se volvió un desastre”. Desde luego, su ahora ex-mujer se quejará de manera semejante con sus amigas. Porque, en definitiva, nadie hizo nada mal. Otro ejemplo de esto se da en el sistema político… todos saben qué votaron, el input, lo que pusieron en la urna que hace las veces de caja negra. Pero después se sorprenden amargamente con el output, con lo que sale. Nunca llegan a conocer todos los acuerdos, los tejes y manejes, la actividad secreta que ocurrió en alguna oficina cerrada como una caja negra.

DETALLES DE LA OBRA (para ampliar, pulsar en las imágenes)
III – LOS DIBUJOS NEGROS DE TULUMBA YAGO
Texto de 1679 palabras impreso sobre pared.

Los dibujos negros de Tulumba Yago
Los meteoritos son testimonios del pasado remoto del Sistema Solar y han llegado hasta nosotros de la manera más barata posible: ellos mismos penetran en el campo de atracción de la Tierra después de recorrer durante millones de años incontables kilómetros en sus órbitas cósmicas. Los más pequeños se volatilizan a su paso por la atmósfera, los de mayor tamaño la atraviesan y caen a la superficie de nuestro planeta; muchos en el mar, otros en áreas continentales despobladas y sólo para una minoría de ellos se da la casualidad de que sean vistos en su impacto final, lo cual permite que sean recogidos.
–Historia «terrestre» de los meteoritos caídos en Cangas de Onís (Asturias) el 6 de diciembre de 1866; por los licenciados en ciencias geológicas Carlos M. Escorza (Museo Nacional de Ciencias Naturales, Madrid), Jorge Ordaz (Departamento de Geología de la Universidad de Oviedo) y Luis Alcalá (Museo Nacional de Ciencias Naturales, Madrid). Revista Tierra y tecnología (editada por el Ilustre Colegio Oficial de Geólogos, Madrid, número 19, año 1999, página 38).-
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EN EL ORIGEN FUE EL NEGRO
El 6 de diciembre de 1866, en Margolles, parroquia de Cangas de Onís (Asturias) cayó un meteorito del cual se hallaron fragmentos en distintas aldeas de la zona. En el estudio citado como epígrafe, los mismos expertos geólogos nos informan que el mayor de los fragmentos cayó junto a un arroyo, que fue recogido en la Riega de San Antonio, y que “al impactar sobre una roca de arenisca dejó en ella una huella negra”. También nos cuentan que la mañana de ese día estaba “lúcida y soleada en Asturias”, y precisan la temperatura, la humedad relativa e incluso la presión atmosférica registrada antes del impacto, que se produjo entre las diez y media y las once del día. Pero nada nos dicen del bebé negro aparecido alrededor de la misma hora, como si fuera uno más de los varios fragmentos desprendidos del meteorito, a las puertas de la capilla de San Antonio. La criatura llevaba una pequeña cadena de cobre con un trocito de madera grabado Tulumba, de lo que se dedujo podría tratarse de su apellido, pues no sonaba a nombre cristiano. Y se lo bautizó Capillo, algunos dicen que por caer del cielo a la capilla, otros dicen que por estar envuelto en un capillo, que es el gorro de lienzo que suele ponerse a los niños de pecho, una capucha blanca como leche de la que asomaba una cabecita de carbón.
No tenemos muchos datos de sus primeros años, salvo testimonios aislados que nos hablan de un niño “inquieto, pero nada travieso, y despierto como un demonio”.
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LA ALQUIMIA DEL NIÑO
Para los viejos alquimistas toda sustancia se componía de tres partes: mercurio, azufre y sal. En la Argentina esto fue así hasta que llegó la milonga y nos cambiaron el mercurio por el azúcar y el azufre por la pimienta, alejándonos para siempre del oro. Pero en el siglo XIX, Tulumba Yago todavía podía tener esperanzas. Se sabe que a los diez años huyó a Madrid, donde fue adoptado por una familia de comerciantes en telas y tapices, y que diseñaba tramas mientras estudiaba dibujo y pintura (hay quien dice que con un “tío” pintor de esta familia postiza, hay quien dice que fue autodidacta), hasta que cinco años después es tomado como empleado en una casa de grabados, hecho que, según él mismo contaría más tarde, cambió por completo su vida: “La idea de punzar y surcar sobre el metal y la madera, para terminar imprimiendo en puros negros y blancos, me hizo comprender rápidamente que era imposible pensar un mundo de blancos sin negros o de negros sin blancos, y que, como después supe en mi primer viaje a Oriente, esto ya era claro para los taoístas chinos que ponían un punto negro de yin sobre el blanco yang, y un punto blanco de yang sobre el negro yin” (revista El carromato estelar, número 8, Quito, Ecuador, junio de 1936).
Apenas tres años duró en el taller, tiempo que le fue por demás suficiente para aprender el oficio como el mejor, pues a los dieciocho años la familia emigró con él a Montevideo, y dos años más tarde a Buenos Aires, donde se instalaron definitivamente en 1886. Sin embargo Tulumba continuó siendo un nómada y, entre sus treinta y sus sesenta años de edad, se entretejieron docenas de historias sobre su vida y sus viajes, muchas de las cuales son difíciles de determinar, al punto que ya no sabríamos decir cuáles pertenecen a la biografía real y cuáles al mito. Que en su primer viaje a los Estados Unidos trabajó varios meses en el circo Barnum & Bailey, que luego en México conoció a José Guadalupe Posada y a Pancho Villa, que en 1911 conoció en Viena al joven estudiante de pintura Adolf Hitler, que recorrió el África junto a una orquesta de jazz en la década del treinta… Historias difíciles de probar. Lo cierto, lo que sí sabemos, es que en esas primeras décadas realizó su mejor producción de grabados, mayormente conformados por tres series: Los desastres de la paz, Mis caprichitos, y, la que aquí nos ocupa mayormente, Los grabados negros, la cual nos regala estampas de profundas reflexiones sobre lo negro en la historia universal.
Justamente, a raíz de esta última serie, el crítico estadounidense Norman N. Namron le pregunta, en una extensa entrevista (Great Fog, número 4, 1936), si el seudónimo “Yago” con el que firma estas tres series, y que luego agregara como segundo apellido, es un velado homenaje a Shakespeare o una alusión a Othello. Pero Tulumba en seguida lo desengaña y aclara: “Not at all, whity. It’s just my humble tribute to the great Goya: Yago means Goya al vesre. [Note: Argentinian slang, al vesre, to define a kind of anagram.]” (“En absoluto, blanquito. No es más que mi humilde homenaje al genial Goya: Yago significa Goya al vesre”, a lo que la redacción de la revista agrega una sucinta nota para explicar la criolla expresión).
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“NEGRO ERES Y AL NEGRO VOLVERÁS”
Eso diríamos si estuviéramos escribiendo una biblia negra, y tomando a la negrura como sinónimo de las tinieblas, de la noche, del misterio. Como si hubiese exorcizado el tema, después de los grabados negros Tulumba se fue desvaneciendo. Abandonó primero el dibujo, luego dejó de frecuentar los habituales círculos y amistades, y fue disgregándose en partículas con la forma de unos pocos cuadros al óleo y de unas pocas y extrañas anécdotas hasta que, rondando los ochenta años de edad, se transformó en un enigma mayor. A comienzo de los años cuarenta hizo un recorrido minucioso al rescate de todas las copias que pudo hallar de su obra gráfica para luego incinerarla, como si no quisiera dejar rastros de su paso por este mundo. Hoy no tendríamos nada, de no haber encontrado en un desván una caja con las veintidós tintas que usó de base para los grabados negros. Eso, más un par de reproducciones en catálogos y revistas y un manojo de lienzos, es todo lo que nos queda de Capillo Tulumba Yago, aparecido en Asturias, y desaparecido en el bar Asturias de Constitución, donde se lo vio por última vez en 1946.
Pero todavía en los años setenta hay un testimonio de quien fuera su amigo, el pintor siciliano Francesco Pancetta (1909-1992), célebre por sus trípticos descarnados. Sabiendo que Tulumba se había convertido en monje taoísta y que vivía en la provincia de Shandong, Pancetta aprovechó un viaje a China para intentar hallarlo. Al fin llegó a los pies de la montaña Tai, donde Tulumba vivía en una pequeña casita hecha con sus propias manos, siempre según el testimonio de Pancetta. Acaso inspirado por el caso de Li Qingyun (李清雲), de quien se dice vivió alrededor de 200 años, parecía haber alcanzado el secreto de una sana longevidad. No le fue tan difícil dar con él, pues en el pueblo más cercano todos lo conocían y lo llamaban afectuosamente Hēi Sēng (黑僧), el Monje Negro, y agrega: “Con ya más de cien años de edad se lo veía ágil y alegre; vestía a la manera tradicional de un ermitaño chino, como si fuera la encarnación de Zhuangzi, un excéntrico Zhuangzi, y me dijo que había perdido la costumbre de elaborar imágenes, que todo eso era de una vanidad que de veras lo avergonzaba” (cito del diario de Francesco Pancetta, Il mestiere di bere vino, publicado por Mondadente Editore en 1989).
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EL SOL ES NEGRO TAMBIÉN
Tal vez fue adrede la elección del lugar elegido para desaparecer, o para vivir con sabia tranquilidad sus últimos años, pues Taishan (泰山), o la montaña Tai, al ser una de las cinco montañas sagradas está, por su lugar en el mapa, en el ojo izquierdo de Pan Gu. Recordemos que Pan Gu (盤古) es el hijo del cielo luminoso y de la oscura tierra, el dios que murió para que de su cuerpo en descomposición naciera todo lo conocido, desde los ríos (brotados de su sangre) hasta el viento (nacido de su voz). El ojo derecho devino en la luna, y el izquierdo se convirtió en el sol. El mismo sol de la renovación constante y que en Kemet (o “Tierra Negra”, hoy llamada Egipto) era alzado por Jepri, el escarabajo azabache que Tulumba forja para su grabado número XIII, La oscuridad que eleva al sol.
Y recordemos al fin que jepri (خبري) es el que llega a ser por sí mismo, por su propio camino, y que también es el sol que se creó solo.
Hice lo que pude por saber cuánto más vivió. Viajé al Oriente, sin la misma fortuna de Francesco Pancetta. No hay noticia de una vida posterior pero tampoco de una muerte, por lo que Tulumba se desvaneció en mi imaginación, tal como era su deseo, perdiéndose en el caos primordial.
Gustavo Charif, 2024
IV – 22 DIBUJOS NEGROS
21 tintas sobre papel de 30 x 21 centímetros y una tinta final (Retrato de Lo Negro) de 50 x 35 centímetros.
NOTAS SOBRE LOS DIBUJOS: Nr. 3 – Boda de negros. Referencia al poema de Francisco de Quevedo (1580-1645), Boda de negros, que inspirara a Edmundo Rivero (1911-1986) para componer su Milonga en negro. · Nr. 4 – Montecristo. Entre las fuentes tomadas por Alexandre Dumas y el nègre littéraire Auguste Maquet para escribir Le Comte de Monte-Cristo, está la historia real de Thomas Alexandre Davy de La Pailleterie (1762-1806), general Dumas, padre mulato de Alexandre, aquí retratado como Montecristo. · Nr. 5 – Los nègres. Referencia al nègre (negro) de la literatura francesa, escritor “fantasma” que escribe anónimamente las obras que firman celebridades y hasta a veces otros escritores. · Nr. 7 – Riya. Concepto árabe que, en trazos gruesos, se podría definir como el pecado de realizar actos virtuosos con el fin de presumir ante los demás o de ostentar las propias buenas acciones. En antiguos escritos islámicos se dice que Él sabe si se actúa con riya ya que es capaz de ver a “la hormiga negra que anda sobre la piedra negra en la noche negra”. · Nr. 9 – Xuánwû –玄武– . La tortuga negra o serpiente-tortuga es uno de los Cuatro Símbolos de las constelaciones y uno de los Cuatro Espíritus del Cielo en la mitología china. En templos de la religión tradicional china (中國民間信仰) se lo reprensenta como deidad, siendo ahí un guerrero en su trono que pisa con el pie derecho una serpiente y con el izquierdo una tortuga. · Nr. 13 – La oscuridad que eleva al sol -Jepri-. Jepri (del egipcio ḫprj), dios en la religión del Antiguo Egipto. Parte del texto jeroglífico fue copiado del Papiro de Anhai (circa 1100 a. C.). · Nr. 14 – La grotta nera. La simbología en la quiniela se basa, al parecer, en la smorfia napolitana. Varios números coinciden en el significado pero el 74, que en la smorfia significa la gruta, en la adaptación rioplatense pasó a ser la gente negra. · Nr. 15 – Reina Nzinga. Nzinga Mbande (circa 1583-1663), reina de Ndongo y de Matamba que resistió a los colonizadores portugueses. · Nr. 16 – El niño Heathcliff brotando de la noche. Referencia a la llegada a la casa del protagonista de Wuthering Heights (Cumbres borrascosas, 1847), de Emily Brontë. · Nr. 18 – Queequeg & Daggoo. Referencia a los dos arponeros en la novela de Herman Melville, Moby-Dick (1851): Queequeg, el nativo de la isla ficticia de Kokovoko, y el africano Daggoo. · Nr. 19 – El Caballero Negro. Vagamente inspirado por la pintura de Vittore Carpaccio (Ritratto di cavaliere, de 1510), y por figuras históricas como sir Ralph de Ashton (floruit 1421-1486). · Nr. 21 – Negroland. Negroland era un término arcaico utilizado en la antigua cartografía europea para referirse a la región, en ese entonces muy poco explorada, del África Occidental.
OBRAS (pulsar en las imágenes para ampliar)
V – BLACK PLANET – EL PLANETA NEGRO
Video experimental. Duración: 17′ 17″.
VI – LO NEGRO EN SU NIGÉRRIMA NEGRURA
Texto de 707 palabras impreso sobre pared de salida.

Lo negro en su nigérrima negrura
Alles ist in ein schwarzes, süßes Schweigen gehüllt. -Robert Walser: Der Nachen (Kleine Dichtungen, 1915).-
Todo está envuelto en un negro, dulce silencio. -Robert Walser: La barca (en Pequeñas estampas poéticas, 1915).-
I
Las mejores cosas vienen de ninguna parte. Vienen de un lugar arcano y recóndito, y no se pueden explicar ni comprender. Nacen en la oscuridad. Esto suele engendrar dos errores muy frecuentes: confundir el misterio con lo sobrenatural, con la superstición, y confundir lo negro con lo negativo, con el mal. Sin embargo el misterio es lo contrario a lo sobrenatural, y lo negro no es necesariamente malo ni bueno, sino complementario al blanco y, la mayor parte de las veces, pleno de matices. Lo que sucede es que en la oscuridad es muy difícil ver los matices, hasta que uno se acostumbra. Así sucede, por ejemplo, cuando apagamos las luces de una habitación. En un primer momento creemos no ver nada, pero si esperamos un rato comenzamos a distinguir los contornos de los objetos hasta que nos habituamos a la oscuridad.
Confundir el misterio con lo sobrenatural es una ilusión perceptiva. Todavía hoy, estando en la Edad de Oro de la ciencia, hay mucha gente creyendo que los científicos son enemigos del misterio, que los investigadores buscan encontrar explicaciones definitivas a todas las cosas. Pero no es así. Los científicos de avanzada siempre amaron los misterios, y es por eso que rechazan las supersticiones, porque las supersticiones imponen dogmas y, al hacerlo, nos cierran las puertas que comunican a nuevos, infinitos misterios. Por el contrario, la gente de ciencias sabe que al desentrañar un misterio, al quitarle su máscara, encontrará otro misterio detrás, tal vez más subyugante aún.
II
Todo, aunque no sepamos el significado de la palabra todo, lleva a pensar que nada puede existir sin su aparente opuesto. Y subrayo lo aparente pues no se trata de contrarios, sino de complementarios. Y así como lo negro suele ser temido también puede ser deseado (en cierto modo es el caso de los suicidas, que se adelantan en las sombras), mientras que la presencia requerida de lo blanco puede convertirse en una presencia incómoda.
Así que exhibir lo negro en su nigérrima negrura me demuestra la imposibilidad de hacerlo sin el complemento de lo blanco en su blanquísima blancura. Porque en alguna parte hay un lugar donde lo negro y lo blanco dejan de ser vistos como enemigos. Lo mismo sucede en la pintura con lo abstracto y lo figurativo. Los soldados de uno y otro bando tuvieron que deponer las armas del purismo hace mucho tiempo. ¿Alguien diría que los Merz de Kurt Schwitters o los cuadros de Paul Klee, por dar ejemplos concretos, son abstractos o figurativos? Varios siglos antes, el arte religioso y el arte primitivo, con sus grafías, sus mandalas y sus murales, ya abundaban en ambigüedades. Incluso la geometría está plena de figuras, y hasta en el paisaje más natural podemos ver abstracciones.
Sin darme cuenta, para esta exhibición, me amparé en métodos clásicos (el dibujo sobre papel, el óleo sobre lienzo) tanto como en invenciones contemporáneas (la instalación, el collage). Y para ayudarme a pensar lo negro fragüé un artista negro, lo cual no deja de ser un procedimiento afín a eso que llaman conceptualismo, pero lo hice usando la tinta y la estilográfica como lo habría hecho el propio “Yago” de haber existido. Y lo llamé Tulumba, simplemente porque al ritmo de la escritura, sin pensar, puse una combinación cualquiera de sílabas que al unirlas me sonaron africanas. Luego sucedió que mi amigo Manuel Zamora Gallardo me hizo saber de un pueblo cordobés llamado Villa Tulumba y, por lo que encontré, el nombre proviene de una combinación de vocablos comechingones: tul (haber) y umba (agua).
No deja de ser extraño que el pueblo no estuviera en cualquier otra parte del planeta, sino precisamente en nuestra Argentina, que fue el país al que llega mi Tulumba adoptándolo como propio, alrededor de los veinte años de edad. Por eso no me extrañaría si un día me encuentro en China con un anciano ermitaño, negro como el sol y alegre como la sombra, llamado Capillo Tulumba Yago.
Gustavo Charif, 2024
VII – DIÁLOGO ENTRE LOS OPUESTOS
Texto de 330 palabras impreso en el reverso de la tarjeta (invitación y souvenir).

DIÁLOGO ENTRE LOS OPUESTOS
Cien años separan a estos dos artistas destinados al desencuentro, sin contar que no se parecen en nada y que, al parecer, en nada coinciden: Capillo Tulumba Yago, nacido en 1866, y Gustavo Charif, nacido en 1966, no podrían estar juntos en las Vidas paralelas de Plutarco, sino en las Vidas perpendiculares de Tribilarco (autor griego que acabamos de inventar). Y sin embargo (y tal vez con algún embargo) los dos tuvieron que alimentarse mutuamente para poder existir.
Se dice que en persona se vieron las caras una sola vez, y que debe haber sido un espectáculo extraño ver a estos dos seres uno frente al otro, el anciano negro de raíces africanas, el más joven blanco y con un árbol multicolor de savias sumerias y europeas.
El diálogo fue breve y nada memorable, aunque nos gustaría recordarlo aquí…
“Quisiera hablar de lo negro, pues es un tema lo bastante oscuro como para ser tratado con claridad”, comenzó diciendo Charif, a lo que Tulumba le respondió: “Yo ya lo hice, y no salió nada bueno de eso”. “Ah, sí, con su serie de grabados negros…”, replicó Charif, pues lo había estudiado, “pero mi idea es diferente: yo quisiera mostrar lo difícil que es hablar de lo negro sin valerse de lo blanco”. “Tiene usted demasiadas esperanzas: la mayoría de la gente piensa a través de divisiones y de comparaciones”, le dijo Tulumba, aburrido, poniendo los ojos en blanco. “Yo haré lo que me salga”, insistió, infantil, el más joven, “y cuando lo exhiba, usted será el primero en recibir mi invitación”. “Y seré el primero en no ir”, retrucó de inmediato el anciano aunque sin agresividad, sino todo lo contrario, compasivo. Le apenaba, quizás, que alguien malgastara así su vida, tratando de explicar cosas que no se pueden explicar, y mucho menos entender.
Por este tipo de cosas es mejor mirar las cosas por sí mismos antes de que nos cuenten otros lo que podemos ver con nuestros propios ojos.
Charif, 15 de agosto de 2024
LA EXHIBICIÓN
ENLACES AL CENTRO CULTURAL CONTRAVIENTO
EXHIBICIÓN DE LO NEGRO: Charif en Contraviento
WEBSITE: contraviento.com.ar
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